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El Vedado se llama la zona de La Habana que en épocas de los españoles era cercada para evitar el paso de la gente y animales hacia el resto del territorio. Cinco siglos después, devenido en uno de los barrios que alberga los edificios más altos y modernos de la ciudad, como el Hotel Nacional, el Habana Libre y la Plaza de la Revolución, mantiene, al igual que el resto del país, la idea de vedar el territorio del contacto con todo lo que viene de afuera.
La “ley de asedio al turista” sanciona a los cubanos que “molestan” a los extranjeros ofreciendo tabaco, ron, sexo, en la calle. Pero también penaliza a quienes se les acercan para conversar, sobre todo, si lo hacen en contra del gobierno. A la primera detención se les redacta una “carta de advertencia” y a la tercera van presos de dos a cuatro años.
Ahora bien, los turistas que compran productos en el mercado negro, que pagan por sexo con menores o que se hospedan en casas no habilitadas por el gobierno no reciben ningún tipo de sanción.
Dicen varios cubanos que un tercio de la seguridad con que cuenta el Estado lleva uniforme mientras que el resto es imposible de identificar para los que vamos de afuera porque están de civil y pertenecen a los servicios de inteligencia del gobierno revolucionario. En Cuba no hay libertad de pensamiento ni de expresión. La única libertad es la de comer, aunque más no sea un plato de arroz con frijoles, todos los días.